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 “Somos lo que pensamos. Todo lo que somos surge con nuestros pensamientos. Con nuestros pensamientos construimos el mundo”.- Buddha.

Equilibrio, de eso trata todo. Y parece lógico, hasta evidente, pero aun así contenemos un conflicto constante en nosotros para encontrar, y permanecer, en equilibrio. Pareciera ser que somos los equilibristas en una continua persecución de balance, pues lo encontramos a momentos, ¿no es así? Podemos sentirlo intermitentemente, podemos sentir el descanso que brinda encontrar nuestro centro, pero lo dejamos ir, lo olvidamos; encontramos otras prioridades.

El-equilibrista

Es una curiosa paradoja: denostar al equilibrio para perseguir otras prioridades. Pues el equilibrio es ultimadamente lo que buscamos en cualquier acción o tarea que nos encomendemos, pero no lo sabemos, no lo tenemos claro. Todo desorden, toda desarmonía se debe a un desequilibrio y el desequilibrio nos lleva al sufrimiento. Nuestras acciones diarias, nuestros esfuerzos, mas allá de evitar el sufrimiento, o relegarlo a un lugar remoto, se basan en encontrar –o reencontrar- nuestro estado natural de ser, que es un estado armónico.

En realidad, todo sufrimiento, o desequilibrio, se experimenta cuando caemos en un estado inconsciente. Pues verdaderamente, para reencontrar dicho equilibrio se requiere salir de ese cuarto oscuro, de esa penumbra, y trabajar la consciencia. Elevar la consciencia significa encontrar equilibrio y paz: esa es la regla. Pues el equilibrio es un estado de consciencia, es un lugar en el que nos podemos colocar o decidir abandonar. Tenemos el poder para hacerlo, es importante saberlo. El poder no la tienen las circunstancias a menos que se lo otorguemos, pues en verdad el poder es nuestro. ¡Hay que ser consciente de ello y recordar nuestro poder personal!

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Así que, ¿qué determina que podamos permanecer o abandonar dicho estado armónico? ¿Cuál es el factor determinante? El pensamiento. Ese es el timón que dirige un estado armónico a otro desarmónico. Tus pensamientos acerca de ti, acerca de tu entorno, acerca de tu porvenir, acerca de tu pasado, acerca de tus familiares o amigos, en fin; el pensamiento de tu mundo produce un resultado y ese resultado se traduce en una percepción armoniosa o desarmoniosa de tu vida.

Para efectos prácticos, se trata de observar incansablemente los pensamientos que decides tener acerca de ti para poder hacer consciente verdaderamente que el productor de un estado turbulento o uno calmado son siempre el resultado de la mente. Pues para ser un equilibrista exitoso hay que ser primero un observador de tu propia mente y cambiar el hábito de los pensamientos negativos, destructivos de ti mismo, por unos positivos y constructivos de ti y de tu mundo, ya que de esa manera se empiezan a cosechar los frutos de la calma.

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Para efectos personales, el pensamiento es un arma de doble filo muy poderosa. Puede enaltecerte o destruirte con igual facilidad. Y debido a eso requerimos estar alertas de nuestro propio pensar. Ser vigilantes. Así como lo hace un equilibrista sobre la cuerda floja, con sus ojos abiertos, alertas. Necesitamos tener los ojos abiertos hacia nuestros propios pensamientos y dirigirlos hacia lo que nos haga sentir bien. La emoción es el termómetro y la comprobación de si estamos direccionando nuestro pensamiento hacia un estado armónico o no. Las emociones son el resultado de nuestras decisiones y nuestras decisiones más benéficas provienen de la consciencia, no de las circunstancias. No obnubilemos nuestro juicio por como vemos nuestro mundo pues lo que vemos del mundo esta filtrado por la mente. ¡Recuerda al perfecto equilibrista! Aquel consciente de su pensar, creador de su propia armonía. Aquel que abre los ojos y se voltea a ver a sí mismo para recordar su propio equilibrio natural.

Por: Alfredo Desentis Higuera

Maestro en Reiki Arcangélico Ashana.

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